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En Cúcuta el homicidio bajó 9% en el primer semestre, pero en el departamento subió

La comuna más afectada por el homicidio en Cúcuta es la 6

La grave situación de seguridad en Cúcuta y su Área Metropolitana, así como en la región del Catatumbo, no es particular de este periodo. El término crisis puede no ser el más apropiado para referirnos a más de dos décadas de riesgo, violencia y vulneración a los Derechos Humanos que han predominado en este territorio.

La lucha por el control territorial, los conflictos internos entre los grupos armados, las alianzas criminales y los continuos enfrentamientos son dinámicas que han estado presentes en la frontera, con mayor o menor intensidad. Esta intensidad se ha pronunciado en los últimos seis años y su visibilidad también ha aumentado. Esto último puede deberse a la situación particular de la migración forzada, el cierre de la frontera, la confluencia de diversos grupos armados ilegales, así como el llamado reciente de las autoridades locales y de la sociedad civil de la región, que por fin están generando incidencia a nivel nacional.

Los grupos armados presentes en el Catatumbo, Cúcuta y el Área Metropolitana han sacado aprovechado por años la ubicación estratégica de la frontera, de la escasa regulación estatal, de las vulnerabilidades sociales y políticas y de la cultura de la ilegalidad que permea todos los sectores sociales, políticos y económicos de la región.

Durante el primer semestre del 2021, los homicidios en la región del Catatumbo aumentaron en un 15%. La Playa impulsó la violencia letal al alza y lo propio sucedió en Tibú donde se registró un incremento del 34%

Debido a su condición de frontera internacional, Cúcuta y su Área Metropolitana se han caracterizado por los grandes flujos poblacionales y económicos que, además de ser un territorio poroso, facilita a las estructuras criminales las actividades del contrabando, la extorsión, el narcotráfico, el reclutamiento forzado, el tráfico de armas, la trata de personas y, en su momento, el intercambio de divisas.

Entre los hitos que han marcado la dinámica ilegal de la zona en los últimos años, se encuentran: la muerte de Megateo, el cierre de la frontera y la desmovilización de las FARC. Después de estos hechos, se presentaron reacomodos, el recrudecimiento de las disputas territoriales para ocupar los territorios abandonados por las FARC y la llegada de carteles extranjeros para involucrarse de manera directa en la producción y el tráfico de la cocaína y también en la financiación de grupos armados.

Tres municipios del área metropolitana de Cúcuta han sido los protagonistas de las mayores disputas y enfrentamientos en los últimos años. Puerto Santander, Villa del Rosario (La Parada) y Cúcuta (El Escobal y siete corregimientos de los diez de la zona rural). A la fecha, el ELN, a través de acuerdos con otras estructuras, mantiene por ahora la mayor influencia en este corredor fronterizo de 143 kilómetros.

Homicidios preocupan

En 2015, las disputas entre las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Urabeños) y Los Rastrojos impactaron especialmente la zona rural de Cúcuta. A la fecha, este enfrentamiento ha cambiado de actores. Ahora, la población está bajo el fuego cruzado entre el ELN, Los Rastrojos, las Fuerzas Armadas Bolivarianas y la Fuerza Pública colombiana. Este territorio es disputado principalmente para la explotación de los cultivos de uso ilícito, el contrabando, la extorsión y la extracción ilegal de minerales y de madera.

Las comunas de Cúcuta tampoco han escapado a esta violencia. No son nuevas las alianzas entre las organizaciones armadas, las bandas delincuenciales y los grupos de seguridad privada para obtener las rentas del microtráfico, el sicariato, el tráfico de armas y de personas y las extorsiones. Sectores de las comunas 6, 7 y 8 son constantemente intimidados por personas uniformadas de seguridad privada que extorsionan; una modalidad implementada después de la incursión paramilitar en Cúcuta, denunciada a la fecha nuevamente por habitantes y líderes sociales de los barrios populares.

Los Rastrojos mantuvieron hasta 2018 un dominio importante en Villa del Rosario, Puerto Santander y la zona rural de Cúcuta. En 2019 el ELN anunció la retoma de la zona, comunicación que coincide con la ayuda de Los Rastrojos a Juan Guaidó para cruzar la frontera. En ese momento inició una fuerte ofensiva entre el ELN y las Fuerzas Armadas Bolivarianas contra este grupo criminal.

Debido a esta disputa territorial, la población se ha desplazado desde el área rural de Cúcuta y desde Venezuela hacia Puerto Santander. Asimismo, aumentaron la presencia de patrullajes ilegales en este territorio, las desapariciones forzadas, masacres, homicidios selectivos, los retenes ilegales y la contaminación de la zona con minas antipersona. Debe recordarse la masacre de marzo de 2020, que dejó ocho personas asesinadas en Palmarito, al parecer por el enfrentamiento entre estos grupos en Boca de Grita. En Cúcuta entre 2020 y 2021, se han presentado dos masacres que dejaron doce víctimas mortales.

Ahora bien, el atentado al Presidente Duque, el carro bomba en la brigada 30 y el atentado en Cerro Pico, los tres hechos en Cúcuta, visibilizan al frente 33 de las FARC. Sin embargo, aunque todavía no se logra establecer la influencia de este grupo en la capital del departamento, se conoce que logró fortalecer su presencia y accionar en el municipio de Tibú.

De lo expuesto, pueden concluirse tres cosas: la primera, es que la violencia en la frontera es sistemática; sin embargo, ésta ha crecido en los últimos años debido al cierre de la frontera, al reacomodamiento de los grupos armados y a la llegada de nuevos actores; la segunda, es que la frontera es clave para la ilegalidad de todo tipo, en especial el narcotráfico, y esta dinámica es parte de una cadena integrada necesariamente por Colombia y Venezuela; y la última es que la violencia desbordó el problema de la ilegalidad y se volvió un asunto social profundo.

El riesgo de seguridad para las mujeres en el departamento

De acuerdo con el informe publicado por Border Lab sobre la trata de personas en departamento, en 2020 Norte de Santander fue el primer departamento destino de explotación de la trata de personas en Colombia, con once casos, 267% más que en 2019. También en 2020 se encontró un aumento de las víctimas de trata interna que tienen a Cúcuta como ciudad de origen, superando incluso a Bogotá. De las víctimas oriundas de Norte de Santander el 88,2% fueron cucuteñas.

Este aumento puede estar relacionado con la pandemia, el alto flujo de migrantes y la difícil situación socioeconómica del departamento. Una posible concentración de la población por las restricciones establecidas para controlar la Covid-19, aunado el desplazamiento forzado, el desempleo y la informalidad, pudieron aumentar los factores de riesgo que facilitan el engaño y la violencia por motivos económicos.

Además de lo anterior, vale la pena destacar los procesos recientes de urbanización en el departamento, principalmente en Cúcuta, Ocaña y Tibú. Este fenómeno, asociado al desplazamiento forzado, ha provocado dinámicas de informalidad urbana como la aparición de asentamientos humanos donde se presentan diferentes problemáticas sociales, entre ellas la falta de acceso a servicios públicos, el desempleo, la delincuencia juvenil, la violencia intrafamiliar y el denominado sexo por supervivencia.

Adicional a las bandas criminales que inciden en la trata de personas en la frontera, entre los grupos relacionados con este delito están el Tren de Aragua, Los Rastrojos y los carteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. Este escenario coincidió en 2020 con el aumento de la violencia homicida en Norte de Santander, que pasó de 515 en 2019 a 560 homicidios en 2020 (9%). Para este último año, en Cúcuta y el Área Metropolitana los homicidios aumentaron 32% y cerró con una tasa de 38,35 muertes por cada 100 mil habitantes, 9 homicidios más que la tasa de 2019 (29,34) y 15 más que la tasa nacional (23,79).

Ahora bien, en 2021 las cifras del homicidio en el primer semestre en Cúcuta y el Área Metropolitana aumentaron 7%. Los municipios más afectados en este periodo son el Zulia, municipio que conecta a Cúcuta con la región del Catatumbo y Puerto Santander.

En Cúcuta el consolidado del periodo es favorable, pasó de 114 a 104 homicidios (-9); sin embargo, el mes de junio presentó un aumento del 16% y su zona rural sigue preocupando al concentrar el 16% de las víctimas de este delito en el Área Metropolitana.

En la zona rural el homicidio en el primer semestre creció 13%.

La comuna más afectada por el homicidio (así como por los delitos sexuales) en Cúcuta es la 6 (que tiene salida directa a Venezuela y donde se ha detectado un territorio de alta complejidad), seguida de las comunas 7, 8 y 9. Estas comunas concentran el 53% de los homicidios en la ciudad. Otra comuna sobre la que vale la pena centrar la atención es la 7, que concentra los peores indicadores en violencia intrafamiliar, hurto a residencias y lesiones personales. La comuna 2, por su parte, lidera el delito de violencia intrafamiliar y la comuna 1 el hurto a personas.

Respecto a los homicidios contra las mujeres, es relevante mencionar que en Norte de Santander este delito aumentó 92%, pasando de 12 a 23 víctimas. El Área Metropolitana registró 10 y 13 casos, respectivamente, con un incremento de 30%. Tibú es el municipio más violento para las mujeres en 2021, pues al comparar el primer semestre de 2020 con 2021, pasó de 0 homicidios a 8. Estos casos se registraron en los meses de abril, mayo y junio. Igualmente, las mujeres en este municipio están constantemente expuestas a intimidaciones, amenazas, desplazamientos, violencia intrafamiliar, violencia sexual, desaparición forzada y trata de personas. Esta situación fue advertida por la Defensoría del Pueblo a finales de 2020, a través de la Alerta Temprana N° 50 del 26 de noviembre.

En el primer semestre el homicidio de mujeres en Norte de Santander aumentó 92%, pasando de 12 a 23 víctimas.

El pasado 9 de julio asesinaron a la lideresa ambiental Gertrudis Hernández a hora y media del casco urbano de Cúcuta, en la vereda El Suspiro. Esta no ha sido la única mujer víctima en la zona rural de Cúcuta, en mayo fue asesinada Inés Hernández en Agua Clara. En este último caso, las autoridades llegaron al lugar dos horas, después de garantizar las medidas de seguridad. En algunas zonas del área rural de Cúcuta y en Villa del Rosario, por condiciones de seguridad, los cuerpos son directamente recogidos por las funerarias.

Estos asesinatos recuerdan los problemas ambientales de la zona rural de Cúcuta, los cuales se han convertido en una de las causas de amenaza y muerte de los líderes sociales de la zona. Los procedimientos de extracción minera y las carreteras construidas ilegalmente afectan el agua de Palmarito y Banco de Arena. La actividad minera sin control vulnera los derechos de los habitantes y es una de las principales causas de las agresiones a los líderes y defensores de DDHH. Aunado a lo anterior, se encuentra la deforestación y la tala de árboles que se ha dado en esta zona como consecuencia del cultivo de coca y la extracción de madera. La coincidencia en la zona de Grupos Armados, la extracción de yacimientos y la deforestación son una bomba de tiempo que amenaza la integridad y el libre ejercicio de los líderes sociales.

Para finalizar, este marco de violencia contra la mujer, aunque en el consolidado del primer semestre de 2021 en el Área Metropolitana disminuyeron los delitos sexuales 4%, en Cúcuta tuvo un incremento leve. En la capital del departamento el 33% de las víctimas son mujeres de nacionalidad venezolana, el 35% tiene entre 10 y 14 años y el 47% de los hechos victimizantes se concentran en 15 barrios de la ciudad.

La violencia en Cúcuta y su Área Metropolitana es sistemática y sigue empeorando

Violencia en Cúcuta es sistemática

Este es el peor momento de la frontera en los últimos 15 años: León Valencia en Diálogos de Frontera.

Que la violencia en Cúcuta y su área metropolitana no es un tema coyuntural sino un asunto sistemático, que tiene una estrecha relación con las dinámicas territoriales, criminales e ilegales que se dan en la zona rural y en la frontera con Venezuela, fue una de las conclusiones del primer Diálogo de Frontera, un espacio convocado por La Opinión, Border Lab, El Espectador y la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), para analizar la situación de seguridad de la ciudad. 

Ante la pregunta de si existe o no una crisis de seguridad en Cúcuta, María Fernanda Fuentes, cofundadora de Border Lab y consultora para la garantía de la labor de defensa de los Derechos Humanos, aseguró que si bien la violencia en la ciudad es sistemática, esta ha crecido en los últimos años debido al cierre de la frontera, al reacomodamiento de los grupos armados y a la llegada de nuevos actores. 

Lea: Homicidios contra mujeres aumentaron 43% en lo corrido de 2021

“La frontera es clave para la ilegalidad de todo tipo, en especial el narcotráfico y esta dinámica es parte de una cadena integrada necesariamente por Colombia y Venezuela; y justamente esa violencia desbordó el problema de la ilegalidad y se volvió un asunto social profundo”, aseguró. 

Respecto al homicidio en julio de la lideresa ambiental Gertrudis Hernández, María Fernanda Fuentes indicó que “este asesinato recuerda los problemas ambientales de la zona rural de Cúcuta, los cuales se han convertido en una de las causas de amenaza de los líderes sociales de la zona. Los procedimientos de extracción minera y las carreteras construidas ilegalmente afectan el agua de Palmarito y Banco de Arena. La actividad minera sin control vulnera los derechos de los habitantes y la labor de los líderes y defensores de DD.HH.”.

El director de la Fundación Pares, León Valencia, agregó que su organización lleva más de 15 años estudiando la situación de Cúcuta y de la frontera con Venezuela y que este es el momento más difícil que ha tenido la región por cuenta de la situación de anarquía que se vive por la ausencia de relaciones diplomáticas y por la nula coordinación entre las autoridades de los dos países. 

“Tenemos 4 investigadores a lo largo de la frontera y los últimos estudios nos indican que existen 28 grupos armados ilegales en la frontera, 13 de ellos transnacionales, y a esto se suma la casi nula presencia de los dos estados. Es un territorio sin Dios ni Ley, tomado por los ilegales”, advirtió. 

Según Valencia, esta es una zona estratégica que ha sido ocupada por los grupos armados históricamente: primero la guerrilla y luego los paramilitares. También asegura que las mafias y el paramilitarismo se tomaron las instituciones en Norte de Santander, lo que incide mucho en el dolor de la frontera. 

Percepción y seguridad 

Según los datos de la encuesta ‘Mi Voz, Mi Ciudad’, del programa ‘Cúcuta Cómo Vamos’, casi el 80% de los cucuteños se siente inseguro, ubicando a la capital nortesantandereana como la ciudad con mayor percepción de inseguridad del país, de las 14 encuestadas. 

Mario Zambrano, director del programa, explicó que la sensación de inseguridad tiene que ver -por una parte- con la situación social y económica compleja, relacionadas específicamente con el desempleo del 20% y la informalidad del 70% y, por otro lado, con un débil capital social reflejado en una pérdida de confianza de las instituciones que imparten seguridad. 

Según los datos de la medición, cinco de cada diez encuestados han sido víctimas de un delito. 

En lo que se refiere a homicidios, Zambrano citó un estudio del BID de 2020, en el que se hizo una relación entre las medidas de restricción durante la pandemia y la disminución de delitos como el homicidio. Sin embargo, en Cúcuta y su área metropolitana los asesinatos aumentaron el año pasado aun existiendo medidas de restricción y distanciamiento social. 

“Marzo, julio y diciembre fueron los meses más violentos y cuando hacemos una georreferenciación del homicidio, encontramos que en Cúcuta 2 de cada 10 asesinatos se cometieron en la Comuna 6”, precisó. 

Comunas 6 y 7, las de mayor riesgo 

En el diálogo también quedó claro que no son nuevas las alianzas entre las organizaciones armadas, las bandas delincuenciales y los grupos de seguridad privada para obtener las rentas del microtráfico, el sicariato, el tráfico de armas y de personas y las extorsiones en las comunas de la ciudad. 

Según el último boletín de seguridad publicado por Border Lab, la Comuna 6 lidera las estadísticas en homicidio y delitos sexuales, mientras que en la Comuna 7 la medición encontró que es allí donde ocurren más casos de lesiones personales, hurto a residencias y violencia intrafamiliar. 

En la zona rural y en municipios del área metropolitana como Villa del Rosario y Puerto Santander, se identificó que Los Rastrojos mantuvieron hasta 2018 un dominio importante. Sin embargo, en 2019 el Eln anunció la retoma de Puerto Santander y de la zona rural de Cúcuta. 

En ese momento inició una ofensiva conjunta entre el Eln y las Fuerzas Armadas Bolivarianas contra Los Rastrojos, que tenían presencia en algunas áreas de la frontera venezolana, en Cúcuta y Puerto Santander, manteniendo una hegemonía, lo que ha contribuido al desarrollo de una dinámica conflictiva bastante compleja. En 2020, el 17% de los homicidios se cometieron en la zona rural de Cúcuta. 

A la fecha, el Eln, a través de acuerdos con otras estructuras, mantiene por ahora la mayor influencia en este corredor fronterizo de 143 kilómetros.

Se plantea una gobernanza metropolitana

Al analizar los planes y acciones que se han implementado en la ciudad para mejorar los indicadores de seguridad, el director de ‘Cúcuta Cómo Vamos’, Mario Zambrano, habló de la necesidad de tener un Plan Integral de Seguridad y Convivencia (PISC) metropolitano, que integre las necesidades y visiones de los municipios del área en una especie de gobernanza metropolitana, que permita la articulación de todos los actores. 

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“Actualmente, cada municipio elabora un plan por separado, como si los problemas metropolitanos fueran segmentados, cuando realmente las dinámicas son interdependientes y complejas con la zona de frontera y con el Catatumbo y por eso es clave pensar en una mirada metropolitana y transfronteriza”, aseguró Zambrano. 

Agregó que en el PISC de Cúcuta se encuentra un gran diagnóstico y unas estrategias importantes, “pero creo que no se le ha venido haciendo mucho seguimiento y hay problemas en la implementación. El manejo de la información y los datos para tomar decisiones con evidencias, que están contempladas también en este plan, pero este manejo transparente y el seguimiento se ha perdido un poco desde la misma Secretaría de Seguridad, esto nos impide definir si las estrategias están siendo efectivas”, concluyó.  

Homicidios contra mujeres aumentaron 43% en lo corrido de 2021

Aumentan feminicidios en Norte de Santander

Uno de los propósitos de Border Lab es poner a disposición de la ciudadanía las estadísticas mensuales de los diferentes delitos que afectan a Cúcuta y su Área Metropolitana, como en el caso de los homicidios. En este reporte presentamos el comparativo y el análisis de las cifras de delitos comparando los periodos enero-mayo de 2020 y de 2021.

Homicidios

La violencia homicida continúa creciendo en el Área Metropolitana manteniendo la tendencia al alza desde el inicio de la pandemia. A pesar del descenso del 17% registrado en los primeros cinco meses del año en Cúcuta, el área metropolitana continúa impulsando la tendencia creciente del homicidio. En particular llama la atención y debería ser motivo de alerta el incremento de este delito contra la mujer, el cual ha aumentado en un 43% en lo corrido del año. Esto preocupa dado el contexto regional y fronterizo en el que la mujer ha sido particularmente victimizada, aunado al reciente incremento de los homicidios contra la mujer en municipios como Tibú.

Que el incremento del homicidio se dé de manera paralela a un descenso de las lesiones personales sugiere dos cosas. En primer lugar, un aumento de la violencia instrumental que contrasta con un descenso en problemas de convivencia que tiene desenlaces fatales como por ejemplo las riñas. En segundo lugar, que, aunque se presentan menos casos de lesiones personales y violencia interpersonal, los casos que se presentan han aumentado su letalidad.

Hurtos

Reconocemos y resaltamos el descenso del hurto como una noticia positiva para Cúcuta y el área metropolitana. Aunque es leve, ocurre en el marco de una reactivación económica y el levantamiento parcial de las medidas restrictivas tomadas con ocasión de la pandemia durante el 2020. Esto da motivos para ser positivos respecto a la capacidad que tiene el área metropolitana para adaptarse a una nueva normalidad preservando la capacidad de proteger la honra y los bienes a los ciudadanos. El aumento del hurto a personas en algunos lugares como las comunas 3 y 7, al igual que el del hurto a motocicletas en todo el área metropolitana dan elementos adicionales la MECUC y a la Secretaría de Seguridad para ajustar los planes que se vienen adelantando en contra de este delito.

Delitos al alza en la zona rural de Cúcuta

El comportamiento delictivo de la zona rural de Cúcuta, así como de otros municipios del área metropolitana es preocupante y debe suscitar acciones urgentes de las autoridades. En particular, El Zulia, que presenta un incremento del homicidio de 500%, y Puerto Santander, que registró un aumento de 300%.

Por otra parte, se encuentra Villa del Rosario, con el alza de los homicidios (45%) y de las lesiones personales (74%), lo que sugiere un franco deterioro de la seguridad en este municipio fronterizo en lo que va corrido del año. Así mismo, a pesar del descenso agregado del el hurto en Cúcuta y el área metropolitana, la zona rural registra un incremento del 83%  del hurto a personas impidiendo que la tendencia agregada hacía la reducción sea más acentuada.

Así mismo, debe resaltarse la dinámica la violencia en la zona rural de Cúcuta. En 2020 cerró con un aumento de los homicidios de 179% y en lo corrido de 2021 presenta registra incrementos en los delitos de hurto a personas (83%), hurto a motocicletas (100%), delitos sexuales (167%), violencia intrafamiliar (200%) y homicidios (9%).

Estas dinámicas diferenciadas en materia de concentración espacial del delito sugieren que la reducción del delito en Cúcuta está siendo amenazada por el incremento de éste en el área metropolitana. Esto requiere una respuesta integral al igual que una mayor coordinación por parte de las autoridades del área metropolitana. Es de público conocimiento que los grupos delincuenciales que operan en esta zona no conocen de limites jurisdiccionales o administrativos.

Delitos Sexuales y Violencia Intrafamiliar

La disminución de los delitos sexuales es positiva, pero contrasta con el incremento de la violencia intrafamiliar. Llama la atención y requiere mayor análisis por parte de las autoridades correspondientes el incremento de la victimización de hombres en este tipo de delitos. Aunque tradicionalmente la mujer es y sigue siendo victima de delitos sexuales y de violencia intrafamiliar con mayor prevalencia, en lo que va corrido del año el delito sexual contra hombres ha aumentado en 33% en el área metropolitana. Lo anterior, sugiere alguna dinámica particular, como por ejemplo el actuar de agresores seriales o el cambio en algún patrón dentro del área metropolitana.

Homicidios en Norte de Santander aumentaron 9% en el 2020

Aumentaron los homicidios en Norte de Santander

Durante los últimos dos años la situación de seguridad en Norte de Santander, especialmente en Cúcuta y su área metropolitana se ha deteriorado.

Esto se refleja particularmente en el comportamiento del homicidio el cual –a diferencia de otras partes del país– aumentó durante el 2020 y sigue aumentando durante el 2021.

Cerca del 80% de los homicidios registrados en los años anteriores a la pandemia ocurrían en el espacio público, el incremento de este indicador denota la ausencia de una estrategia clara en esta materia.

En el caso de Cúcuta, a pesar de contar con un Plan Integral de Seguridad y Convivencia, no es clara la manera en la que el eje estratégico de disrupción del delito del mismo está siendo implementado en la ciudad.

A pesar de que el comportamiento delictivo del año 2020 se demuestra una disminución general de indicadores como el hurto en sus diferentes modalidades y las lesiones personales debe tenerse en cuenta que dadas las cuarentenas estrictas, la ley seca y los toques de queda estás disminuciones son atípicas y no es claro hasta que sean el resultado de la política de seguridad de Norte de Santander o de Cúcuta y su Área Metropolitana.

Es de esperarse que la reapertura gradual provoque que estos indicadores vuelvan a su tendencia normal en los próximos trimestres del 2021. Por ello se requiere que la reapertura económica tenga en consideración intervenciones específicas en materia de seguridad ciudadana.

Análisis y Recomendaciones

Es necesario que se articulen esfuerzos con el gobierno nacional en materia de seguridad y de prevención de la violencia en Cúcuta y su zona rural, los municipios fronterizos incluidos los que hacen parte del Catatumbo, y su parte alta. Estas tres áreas del departamento componen subsistemas locales de criminalidad y conflictividades que deben atenderse de manera diferenciada.

El caso de Puerto Santander demuestra la necesidad de contar con una Política Fronteriza y Migratoria sólida en donde, de la mano del gobierno departamental y con la ayuda de los gobiernos locales se pueda recuperar la gobernabilidad de la frontera y reducir la victimización.

Las elevadas tasas de homicidios de ciudadanos venezolanos con respecto al universo poblacional de su misma nacionalidad sugiere una dinámica de victimización compleja que requiere ser investigada con mayor profundidad. Se desconoce si esta prevalencia de victimización de la violencia letal obedece a vulnerabilidades estructurales que enfrenta esta población que los ubican en contextos de alta concentración de la violencia homicida o si se debe a su presunta participación en actividades de alto riesgo criminológico como por ejemplo la participación en el mundo del crimen. En todo caso estas cifras sugieren que el debate acerca del impacto del éxodo venezolano sobre la seguridad en Colombia no puede dejar de lado la victimización de la que son objeto los ciudadanos venezolanos.

Las elevadas tasas de homicidios de ciudadanos venezolanos con respecto al universo poblacional de su misma nacionalidad sugiere una dinámica de victimización compleja que requiere ser investigada con mayor profundidad.